Nuevamente convocada por Flor (para quien ya realicé el Mural de Arcoíris para Ampi), el desafío en esta ocasión era transformar la sala principal de su nueva casa. Al ser una construcción reciente, los espacios se sentían fríos y vacíos; la misión era inyectar esa calidez de hogar que solo el arte personalizado puede brindar.
Concepto y Composición:
- Naturaleza en Expansión: Diseñamos un árbol de cerezo gigante que nace en la pared principal e “invade” sutilmente las paredes aledañas. Esta técnica rompe la estructura cúbica del ambiente, generando una sensación de fluidez y movimiento.
- Simbolismo y Color: La pieza incluye una grulla, símbolo de paz y longevidad. Para el fondo, optamos por un celeste suave en formato de mancha orgánica; esto permite delimitar la obra y darle profundidad sin saturar visualmente toda la superficie de la habitación.
- Un detalle inolvidable: Durante el proceso de diseño, la familia sufrió la pérdida de su perro Elvis, un salchicha muy querido. Para honrar su memoria, lo integramos de forma lúdica y tierna en la composición: Elvis aparece espiando detrás de una roca, cuidando el hogar para siempre.
Este mural es el ejemplo perfecto de cómo el muralismo residencial puede capturar la esencia de una familia, transformando las paredes en refugios emocionales.




