Una intervención sobre vidrio para darle calidez a un restaurante brutalista y hacerlo más visible durante el día.


Este proyecto empezó con un problema concreto: el restaurante abría al mediodía, pero la gente no entraba.
El edificio de Comuna 9, en Mataderos, tiene una arquitectura de estilo brutalista, muy linda, pero bastante fría. Nosotros lo mirábamos y, medio en chiste, decíamos que parecía un salón de fiestas vacío.
Había mucho vidrio, mucho cemento y mucho espacio en blanco. Faltaba algo que dijera: acá hay un restaurante, está abierto y podés entrar.
Así que trabajé directamente sobre las vidrieras, pintando un marco de limones y hojas que recorre los vidrios y le aporta color y calidez sin tapar completamente el interior.



Para hacerlo utilicé esmalte sintético semitransparente. Y esto tiene una cosa que me encanta: el diseño se puede ver tanto desde adentro como desde afuera del vidrio.


Además de la pintura, incorporamos vinilos con información sobre lo que se podía consumir durante el día. Porque una cosa es que una vidriera sea linda y otra bastante distinta es que alguien que pasa por la vereda entienda que puede entrar a almorzar. 😏
También hice un cartel de vereda de los que se abren hacia los dos lados —el clásico que se planta afuera del local y te dice “acá está el menú”— para reforzar todavía más la comunicación del restaurante durante el día.

Y hubo una parte del trabajo que disfruté especialmente: la esquina.
Estar pintando mientras pasa todo el mundo, que alguien te salude, que otro se quede mirando, que te pregunten qué estás haciendo… es de esas cosas que hacen que trabajar en la calle sea mucho más divertido.
Al final, la idea no era simplemente decorar los vidrios. Era conseguir que un edificio que se sentía un poco distante empezara a sentirse más cálido, más visible y, sobre todo, más invitante.
Proyecto realizado en Mataderos, CABA, en 2026.

