Un mural para salón de eventos tiene que acompañar lo que sucede alrededor, no convertirse en el protagonista absoluto. Para este espacio en Pilar trabajé con una composición botánica de gran escala, utilizando palmeras, plátanos y alocasias en una paleta de verdes y tierras desaturados.
La idea era llenar una pared amplia de vegetación y darle más calidez al salón, pero sin crear un fondo demasiado llamativo que compitiera con la decoración de cada evento.


Un mural botánico pensado como fondo
Cuando un espacio va a recibir eventos diferentes, el mural tiene un desafío particular. No sabés si delante de esa pared va a haber una fiesta de cumpleaños, un casamiento, un evento corporativo o una producción de fotos. Por eso, en este caso elegí una paleta más tranquila y formas orgánicas que pudieran convivir con diferentes estilos de decoración.
Las palmeras, hojas de plátano y alocasias permiten generar esa sensación de vegetación abundante sin necesidad de recurrir a colores demasiado intensos.

Trabajé los verdes y tonos tierra de manera desaturada para que el mural tuviera presencia, pero funcionara como parte del ambiente. Y esto es algo que me interesa especialmente cuando trabajo para espacios comerciales: una pared puede tener muchísimo protagonismo sin necesariamente gritar.
Pintura a mano para transformar un espacio
El mural ocupa una superficie importante del salón, así que la escala también fue parte del diseño. En lugar de pensar la pared como una superficie donde simplemente había que colocar una ilustración, la trabajé como parte de la arquitectura del espacio.
La vegetación se extiende y genera profundidad, haciendo que la pared se sienta menos rígida y aportando una sensación más envolvente. La pintura a mano también permite adaptar el diseño directamente al lugar: sus proporciones, sus columnas, la iluminación y todo aquello que existe alrededor.
Eso es algo que me gusta especialmente del muralismo frente a otras soluciones decorativas. No estás comprando una imagen que después intentás adaptar a una pared. El diseño nace pensando en esa pared.




Un fondo que puede acompañar muchos eventos
El objetivo final era conseguir un espacio cálido y sofisticado que pudiera cambiar completamente según lo que sucediera delante del mural. Una misma pared puede ser el fondo de una mesa de dulces, una ceremonia, una fiesta, una presentación o una sesión de fotos y seguir funcionando.
Para mí, ahí está la gracia de este tipo de proyectos: el mural no tiene que contar una única historia. Tiene que dejar espacio para que cada evento construya la suya.
Este proyecto fue realizado en un salón de eventos de Pilar, Buenos Aires, como una intervención mural botánica pensada para integrar naturaleza, color y arquitectura en un espacio destinado a celebraciones.

